Monday, May 22, 2006

Javier de Belaunde

“Se debe dar a la ciudadanía razones para que confíe en el sistema de justicia”
Javier de Belaunde ha sido miembro del Consejo Directivo de la Academia de la Magistratura e integrante de la Comisión Especial de Reforma Integral de la Administración de Justicia (Ceriajus). Ha estudiado los problemas en la administración de justicia en el país.

¿Hacia dónde se debería encaminar una reforma judicial?
Las medidas fundamentales están sentadas no solamente en la Comisión de Bases de la reforma de la Constitución durante el gobierno de Paniagua, también se avanzó mucho en la Comisión Especial de Reforma Integral de la Administración de Justicia (Ceriajus) que concluye su trabajo con un Plan Integral de Reforma que se ha implementado muy poco. Allí se postula que se debe acometer el problema desde diferentes ámbitos.

¿Por qué no se ha iniciado?
En gran medida por falta de voluntad política. Si bien los poderes del Estado han declarado que la reforma judicial es una prioridad al poder político no le interesa tener un Poder Judicial fuerte. Hay falta de determinación política.

¿Qué implica una reforma judicial?
Cuando hablamos de una reforma judicial nos referimos a un conjunto de medidas legales y administrativas para que nuestro sistema de justicia sea eficiente para solucionar los conflictos. Esto implica de un lado reformas constitucionales, como definir el rol de la Corte Suprema. En cuanto a los recursos humanos, reformular la selección de los jueces y mecanismos de sanción que implica un conjunto de decisiones administrativas sobre cómo se organiza un juzgado para que se preste un mejor servicio.
Hablar de reforma judicial implica la adopción de un conjunto de medidas a nivel legislativo, administrativo, humano. Creo que no se puede emprender una reforma sin atacar los distintos aspectos.

¿Por qué las reformas anteriores no se completaron?
Existe la tendencia a sostener que ha habido múltiples reformas judiciales, sin embargo considero que ha habido únicamente dos intentos que pueden calificarse como tales. Uno fue el hecho por el gobierno militar de Francisco Morales Bermúdez en 1975, que lamentablemente se agotó en una formulación de proyectos y, más que todo, estudios de la realidad judicial. El segundo intento fue en 1996 durante el gobierno de Fujimori que terminó siendo frustrado por la excesiva intromisión política y porque terminó siendo un mecanismo de control de la judicatura.

¿Cuál es el principal problema del Poder Judicial?
Generalmente se pone énfasis en el tema de corrupción. Pero yo creo que hay algo en lo que se puede avanzar, que es el tema de predicción. Muchas veces los abogados no podemos prever cómo se va a resolver un caso porque la jurisprudencia no es vinculante. Es decir, la Corte Suprema puede resolver un caso de manera A y luego un caso idéntico de manera B y no por corrupción, sino que son otros los funcionarios y otra la manera de ver el problema. Se debería trabajar en establecer el principio de la jurisprudencia vinculante mediante la cual, en determinados casos, lo resuelto por la Corte Suprema sea realmente de obligatorio cumplimiento por las instancias integrales.

¿Cómo solucionar el problema de percepción de la ciudadanía?
Creo que la percepción es correcta cuando se desconfía del Poder Judicial y los abogados. El Poder Judicial tiene un sistema incompleto y un servicio ineficiente. Lo que se debe hacer es darle a la ciudadanía razones para que confíe en el sistema de justicia. Tenemos dos ejemplos positivos: uno es la Justicia de Paz no letrada que se administra en las comunidades rurales. Son jueces legos, que no son abogados, pero resuelven el problema de la gente. Allí tenemos índices de 80% de aprobación. De otro lado tenemos, que el Tribunal Constitucional que cuenta con un índice de aprobación del 60%, creo que el TC ha ganado este prestigio porque está resolviendo casos y respondiendo una expectativa ciudadana de justicia. Recuperar la confianza en las instituciones que imparten justicia tiene mucho que ver con lo que se pueda lograr en responder a esta necesidad ciudadana.

Si bien el tema se considera importante, también ha estado ausente en la campaña de este año…
Salvo por un foro que organizó la Asociación de Jueces por la Justicia y la Democracia en enero, prácticamente los candidatos no han hablado de la reforma judicial. Yo creo que hay que exigirles que se pronuncien sobre el tema, obtener un compromiso muy serio de que saquen las manos del poder judicial, que no haya intromisión política, respeto e independencia y que nos digan que piensan hacer con una reforma que el país considera imprescindible.

Recuadro
¿Cuáles han sido los logros alcanzados en materia judicial?
Son pocos, pero significativos. Creo que la Constitución de 1993 trae dos logros importantes. Uno es el nombramiento de jueces por una entidad autónoma del poder político, que es el Consejo Nacional de la Magistratura. El otro es que en el Poder Judicial se ha generado de una distinción entre los órganos que imparten justicia y otros que gobiernan. Esos son logros de un movimiento de reforma. A partir de 2000, tenemos logros en la justicia anticorrupción. Creo que estos órganos especializados en la represión de los delitos de corrupción a gran escala muestran a lo mejor de la judicatura que con gran esfuerzo han perseguido delitos que en otras épocas habrían quedado impunes. El subsistema de los Derechos Humanos también tiene avances importantes que lucir. En los últimos años se han desarrollado los juzgados especializados en conflictos comerciales, sobre los cuales fui bastante escéptico, pero hay que reconocer que están impartiendo justicia con celeridad y son muestra de que la especialización de órganos y de funcionarios puede dar resultados positivos.

Publicado en Punto.edu

Monday, May 15, 2006

Partha Chatterjee

"No hay otra alternativa que la de participar en la economía global"
Intelectual de prestigio mundial es profesor de Ciencias Políticas en el Centro para Estudios en Ciencia Social de Calcuta y profesor de Antropología en la Universidad de Columbia, en Nueva York (EE.UU.). Es miembro fundador de la influyente corriente de pensamiento llamada Estudios Subalternos.

Las sociedades postcoloniales afrontan conflictos entre las clases hegemónicas y otras subalternas. ¿Permanecen invariables estos roles a lo largo del tiempo?

Mientras todas las sociedades postcoloniales permanezcan divididas en clases, existirá un conflicto entre las clases dominantes y las subalternas. Pero no es verdad que la composición de estas siga siendo la misma en todos lados. En algunos países, puede darse el caso de que los mismos grupos regionales o étnicos, a veces incluso las mismas familias han sido los dominantes durante siglos, al menos desde los tiempos coloniales. Pero en algunas sociedades poscoloniales, ha habido muchos cambios en la composición de las clases dominantes durante las últimas tres o cuatro décadas. En el sureste asiático, India y China, las nuevas condiciones globalizadas de las finanzas y el comercio han hecho que nuevos grupos de empresarios se sumen a las filas de las élites de los negocios y se ha creado una nueva clase media.

Ahí donde prevalecen las diferencias sociales, ¿cuán difícil es asegurar una gobernabilidad?

La situación es diferente en los distintos países postcoloniales. En algunos, a pesar de los numerosos conflictos, se ha creado un proceso político donde diversas demandas pueden ser negociadas y los beneficios distribuidos con algo de justicia sin un alto nivel de violencia. Estos sistemas democráticos muchas veces se perciben muy caóticos y su proceso de toma de decisiones parece muy lento y lleno de compromisos. Pero los conflictos sociales no entran en erupción en violencia y guerra civil.

Pero sí generan problemas de gobernabilidad

Sí, en los países postcoloniales las élites hegemónicas han caído en la tentación de deshacerse de estos lentos e incómodos sistemas democráticos y de intentar lograr un orden y crecimiento rápido bajo dominio autoritario. No obstante, los resultados previstos casi nunca se alcanzan porque el dominio autoritario conduce con frecuencia a la resistencia violenta, al malestar civil y la inestabilidad política. Los gobiernos democráticos o autoritarios postcoloniales han tenido que encontrar nuevas técnicas de la acción política y nuevas formas de legitimidad que no eran parte de la historia política de Europa y Norteamérica.


¿Es difícil construir un concepto de ciudadanía en sociedades postcoloniales?

Las antiguas nociones de ciudadanía desarrolladas en Europa y Norteamérica en los siglos XIX y XX no funcionaron siempre para Asia, África y Latinoamérica. La principal razón es que en los primeros países las condiciones sociales de igualdad se desarrollaron antes que los derechos formales de la ciudadanía se extendieran a todos. En Estados Unidos, los afroamericanos no tuvieron derechos civiles hasta los años sesenta. En los países postcoloniales, los derechos políticos formales de igualdad ciudadana han tenido que ser otorgados antes de que las instituciones y las prácticas de igualdad entre los miembros de una sociedad estén completamente instaladas.

¿Se puede hablar de ciudadanía en estos casos?

En la mayoría de estos países existe una brecha enorme entre la ciudadanía formal y los derechos efectivos en la realidad. Grandes sectores de la población pueden tener derechos formales, como el derecho a votar, pero no tener un real acceso al amparo de la ley o la participación en el gobierno. Así la cuestión de la ciudadanía se torna complicada. Además el problema de la ciudadanía ha retornado en una nueva forma: la condición incierta de millones de nuevos inmigrantes ha introducido un típico problema postcolonial en el corazón de la democracia occidental. Su solución no será sencilla.

¿Es posible que las sociedades postcoloniales alcancen una autonomía con relación a sus metrópolis?

En los años setenta se creía que las sociedades postcoloniales podrían crear un orden mundial alternativo y romper la dominación de los poderes capitalistas de la metrópoli. Pero no ocurrió. Por el contrario, las nuevas condiciones de las finanzas y el comercio globales han erosionado los poderes soberanos de las naciones postcoloniales. La antigua opción de proteger la economía doméstica contra el capital extranjero y la del desarrollo de una economía industrial independiente ya no es viable. Incluso China, que tuvo la mejor oportunidad de llevar esto a cabo, ha abandonado ese camino para integrar su economía dentro del orden global.

¿Qué debe hacerse?

Para los países postcoloniales no hay otra alternativa que la de participar en la economía mundial, pero se necesita encontrar maneras de proteger al país de los peligrosos efectos de la globalización. Existe la posibilidad de hacer alianzas entre países postcoloniales para combatir la dominación de los poderes metropolitanos en la economía internacional y en las instituciones políticas. En este sentido, China, India y Brasil, tres de las más grandes economías emergentes, han tenido iniciativas para trabajar juntos en los foros económicos mundiales. No creo que la opción del aislamiento completo de la economía global, a la manera de Corea del Norte, sea beneficiosa para la gente de un país.

Usted ha trabajado mucho el concepto de nacionalismo. ¿Este concepto se usa como pretexto para manipular al electorado?

Hay un viejo dicho que reza que el nacionalismo es el último refugio de los sinvergüenzas. Los políticos inescrupulosos han usado a menudo el nacionalismo para generar apoyo para ellos mismos. Hablan acerca de amenazas a la nación y dirigen los miedos y ansiedades de la gente contra los outsiders. Esta táctica, sin embargo, sólo funciona durante un tiempo y con algunos políticos. Por ello, es probable que no sea el nacionalismo por sí solo, sino la combinación con otros elementos, lo que permite a los políticos usar este concepto para manipular a los votantes.

¿Está condenado a desaparecer como ideología, producto de la globalización?

Se dice a menudo que la globalización ha vuelto al nacionalismo una ideología obsoleta, con lo cual no estoy de acuerdo. Por el contrario, ha habido una oleada del nacionalismo movilizada por la administración de Bush en los Estados Unidos para apoyar sus guerras agresivas. De igual manera, es el nacionalismo lo que está conduciendo la insurrección en Iraq o el desafío de Irán. Si necesario o no, no parece que el nacionalismo se irá pronto.

¿Son el nacionalismo y la intolerancia dos caras de la misma moneda?

No necesariamente. Creo que es muy posible que haya un nacionalismo que sea tolerante con grandes diversidades y diferencias al interior de una nación. De igual manera, es posible que no sea agresivo hacia otros países. Claramente esto necesita específicas condiciones históricas e institucionales así como liderazgo político y cultural. Algunos grupos dominantes son más ansiosos y temerosos de su poder y por tanto están preocupados en mantener un fuerte sentido de identidad que sea intolerante con la diferencia.


¿Cómo ha funcionado el nacionalismo en la India? ¿Ha sido la causa de conflictos?

Soy conocido como un crítico del nacionalismo indio e incluso he sido atacado por mis puntos de vista. He enfatizado las maneras en que el nacionalismo en India se ha vuelto un instrumento en las manos de las élites dominantes. He criticado duramente la supresión de las voces de las minorías y los marginados que han producido muchas áreas de conflicto y violencia. Sin embargo, no puedo negar que, comparado con muchos países postcoloniales, India ha sabido mantener la unidad política y la estabilidad por más de cincuenta años en un sistema ampliamente democrático. Incluso a pesar de que sigue siendo inmensamente pobre, ha logrado construir una base sólida para una moderna educación científica y humanista; y ha creado una cultura moderna absolutamente única del arte, la performance y el consumo. Piense en el cine, música o fábricas indias: son modernas, enormemente populares y fácilmente reconocibles. El proyecto del nacionalismo ha sido una fuerza muy poderosa y creativa en todos de estos logros.

Publicado en Punto.edu año 2 No. 44